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domingo, 28 de abril de 2013

Manuel tiene E.P.O.C.

Manuel se sienta todas las mañanas en la silla del balcón, su espacio reservado para el vicio diario. No lo puede evitar, su necesidad es inconsolable. No hacerlo le perturba, le trastorna. Es esa mezcla extraña entre la libertad, sensación de confort y de que todo irá bien. De lo que no se da cuenta Manuel es de que esa libertad es la fuente de su esclavitud  paradojas de la vida, salir al balcón es casi la mayor actividad que puede realizar sin cansarse demasiado.
Manuel apura su salida, sabe que su mujer está cerca y no quiere que le encuentre, hoy no tiene ganas de broncas, ¡otro día más!
-" ¡Ya estás en el balcón!;¡ siempre igual Manolo, te vas a matar, te estás matando ya!" Todas las mañanas el mismo ritual; piensa Manuel, allí sentado en su silla del balcón, atado a su cigarrillo mañanero.
Belén se preocupa por él, se ha preocupado toda su vida, ha cuidado de su amor desde que se conocieron. Le plancha las camisas, le cose los rotos del bolsillo, le pone la comida sobre la mesa cada día que llega del trabajo, cansado de trabajar 13 horas seguidas... es su gran amor y sufre en silencio su decadencia. Manuel ya no es el mismo que hace varios años atrás.
Tiene 60 años y una perspectiva de vida muy complicada. Los años que atravesamos son duros, el paro asola el barrio, la ciudad, la región y el país.Una mañana de invierno, de camino a la obra donde trabajaba de sol a sol, le dijo el capataz de la construcción que ya no eran necesarios sus servicios, que cobrase el finiquito y se diese media vuelta. De eso ya ha pasado 5 años, tiempo suficiente para pasar por todos los estados emocionales imaginables: desde la ira, la indignación , la preocupación, la rabia, y el derrotismo.